Tiempo de Adviento

ALGUNAS CARACTERÍSTICAS DE LA GENEALOGÍA DE CRISTO SEGÚN SAN MATEO (1,1-17)

En su libro «La Infancia de Jesús», Benedicto XVI, hablando de la genealogía aportada por san Mateo afirma que para Mateo, hay dos nombres decisivos para entender el «de dónde» de Jesús: Abraham y David.

JESÚS ES EL CUMPLIMIENTO DE LA PROMESA

Con Abraham –tras la dispersión de la humanidad después de la construcción de la torre de Babel– comienza la historia de la promesa. Abraham remite anticipadamente a lo que está por venir. Él es peregrino hacia la tierra prometida, no sólo desde el país de sus orígenes, sino que lo es también en su salir del presente para encaminarse hacia el futuro. Toda su vida apunta hacia adelante, es una dinámica del caminar por la senda de lo que ha de venir. Con razón, pues, la Carta a los Hebreos lo presenta como peregrino de la fe fundado en la promesa, porque «esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios» (Hb 11,10). Para Abraham, la promesa se refiere en primer término a su descendencia, pero va más allá: «Con su nombre se bendecirán todos los pueblos de la tierra» (Gn 18,18). Así, en toda la historia que comienza con Abraham y se dirige hacia Jesús, la mirada abarca el conjunto entero: a través de Abraham ha de venir una bendición para todos.

Por tanto, desde el comienzo de la genealogía la visión se extiende ya hacia la conclusión del Evangelio, en la que el Resucitado dice a sus discípulos: «Haced discípulos de todos los pueblos» (Mt 28,19). En la singular historia que presenta la genealogía, está ciertamente presente ya desde el principio la tensión hacia la totalidad; la universalidad de la misión de Jesús está incluida en su «de dónde».

LA ETERNIDAD DE SU REALEZA DAVÍDICA

Pero la estructura de la genealogía y de la historia que en ella se relata está determinada totalmente por la figura de David, el rey al que se le había prometido un reino eterno: «Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia y tu trono durará por siempre» (2 S 7,16). La genealogía propuesta por Mateo está modelada según esta promesa. Y se articula en tres grupos de catorce generaciones: 1) primero, ascendiendo desde Abraham hasta David; 2) descendiendo después desde Salomón hasta el exilio en Babilonia, 3) para ir subiendo de nuevo hasta Jesús, donde la promesa llega a su cumplimiento final. Muestra al rey que durará por siempre, aunque del todo diverso al que cabría pensar basándose en el modelo de David.

Esta articulación resulta aún más clara si se tiene en cuenta que las letras hebreas que componen el nombre de David dan el valor numérico de 14 y, por tanto, también a partir del simbolismo de los números, David, su nombre y su promesa, marcan la vía desde Abraham hasta Jesús. Apoyándose en esto, podría decirse que la genealogía, con sus tres grupos de catorce generaciones, es un verdadero evangelio de Cristo Rey: toda la historia tiene la vista puesta en él, cuyo trono perdurará para siempre.

LA UNIVERSALIDAD DE SU MISIÓN

La genealogía de Mateo es una lista de hombres, en la cual, sin embargo, antes de llegar a María, con quien termina la genealogía, se menciona a cuatro mujeres: Tamar, Rahab, Rut y «la mujer de Urías». ¿Por qué aparecen estas mujeres en la genealogía? ¿Con qué criterio se las ha elegido?

Se ha dicho que estas cuatro mujeres habrían sido pecadoras. Así, su mención implicaría una indicación de que Jesús habría tomado sobre sí los pecados y, con ellos, el pecado del mundo, y que su misión habría sido la justificación de los pecadores. Pero esto no puede haber sido el aspecto decisivo en su elección, sobre todo porque no se puede aplicar a las cuatro mujeres. Es más importante el que ninguna de las cuatro fuera judía. Por tanto, el mundo de los gentiles entra a través de ellas en la genealogía de Jesús, se manifiesta su misión a los judíos y a los paganos.

LA DIVINIDAD DE SU ORIGEN

Pero, sobre todo, la genealogía concluye con una mujer. María, que es realmente un nuevo comienzo y relativiza la genealogía entera. A través de todas las generaciones, esta genealogía había procedido según el esquema: «Abraham engendró a Isaac…». Sin embargo, al final aparece algo totalmente diverso. Por lo que se refiere a Jesús, ya no se habla de generación, sino que se dice: «Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo» (Mt 1,16). En el relato sucesivo al nacimiento de Jesús, Mateo nos dice que José no era el padre de Jesús, y que pensó en repudiar a María en secreto a causa de un presunto adulterio. Y, entonces, se le dijo: «La criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo» (Mt 1,20). Así, la última frase da un nuevo enfoque a toda la genealogía. María es un nuevo comienzo. Su hijo no proviene de ningún hombre, sino que es una nueva creación, fue concebido por obra del Espíritu Santo.

No obstante, la genealogía sigue siendo importante: José es el padre legal de Jesús. Por él pertenece según la Ley, «legalmente», a la estirpe de David. Y, sin embargo, proviene de otra parte, de «allá arriba», de Dios mismo. El misterio del «de dónde», del doble origen, se nos presenta de manera muy concreta: su origen se puede constatar y, sin embargo, es un misterio. Sólo Dios es su «Padre» en sentido propio. La genealogía de los hombres tiene su importancia para la historia en el mundo. Y, a pesar de ello, al final es en María, la humilde virgen de Nazaret, donde se produce un nuevo inicio, comienza un nuevo modo de ser persona humana.


Antífonas Oh

En el Oficio Divino, todas las antífonas tienen una fuerza especial para abrirnos la puerta de las fiestas que celebramos. Pero hay una “familia” de antífonas que tienen una personalidad propia, que se mantuvieron vivas a lo largo de los siglos y que ayudaron a muchas generaciones a vivir con hondura el misterio de Navidad: son las Antífonas “Oh” y nos acompañan desde el 17 hasta el 23 de diciembre.

Con probabilidad se las atribuye a san Gregorio Magno. Los textos de la Biblia que los componen están combinados muy hábilmente: la primera parte expresa una admiración y la segunda parte una súplica con toda la intensidad del deseo de la venida del Salvador. El mayor interés de estas antífonas es que contienen, como dice dom Guéranger, “la médula de la liturgia del Adviento”.

Las letras iniciales de cada una de las siete antífonas, remontando de la última a la primera, forman un acróstico que da la respuesta del mismo Cristo a la súplica reiterada de la Iglesia: ERO CRAS (Estaré aquí mañana).

Entremos con recogimiento en el espíritu de la Iglesia que en este momento hace escuchar a su Esposo sus últimas y tiernas súplicas, a las que Él termina por rendirse. (Dom Guéranger.)

 

Para leer más hacer clic


La Eucaristía

Textos para catequistas

La eucaristía – explicación

eucaristía en el Catecismo

Guía de lectura para: Eucaristía en el Catecismo

La Santa Misa – sus partes

Meditaciones del Card. Cantalamessa sobre la Adoración Eucarística 

 

Tríptico de la Redención – Maestro de la Redención Del Prado – Museo Del Prado – Madrid – hacia 1450




LOS DIEZ MANDAMIENTOS

348 «Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?» (Mt 19,17)

Jesús responde: «Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos» (Mt 19,17); y añade después: «Y luego ven y sígueme» (Mt 19,21). [2052-2054, 2075-2076]

Ser cristiano es algo más que una vida correcta que se atiene a mandamientos. Ser cristiano es una relación viva con Jesús. Un cristiano se vincula íntima y personalmente con su Señor y se pone con él en camino hacia la vida eterna.

El hombre sólo puede realizarse plenamente cuando adora a Dios y lo ama sobre todas las cosas. BENEDICTO XVI, 07.08.2005

349 ¿Cuáles son los diez mandamientos?

(Hace clic en cada uno para ver la catequesis)

1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
2. No tomarás el nombre de Dios en vano.
3. Santificarás las fiestas.
4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
5. No matarás.
6. No cometerás actos impuros.
7. No robarás.
8. No dirás falso testimonio ni mentirás.
9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
10. No codiciarás los bienes ajenos.

DECÁLOGO («diez palabras», del griego deka = diez, y logos = palabra). Los diez mandamientos son el resumen central de las reglas fundamentales del comportamiento
humano en el Antiguo Testamento. Tanto judíos como cristianos se orientan según este texto fundamental.
Los diez mandamientos no son una imposición arbitraria de un Señor tirano. […]
Hoy, como siempre, son el único futuro de la familia humana. Salvan al hombre de la fuerza destructora del egoísmo, del odio y de la mentira. Señalan todos los falsos dioses que lo esclavizan: el amor a sí mismo que excluye a Dios, el afán de poder y de placer que altera el orden de la justicia y degrada nuestra dignidad humana y la de nuestro prójimo. SAN JUAN PABLO II en el Monte Sinaí

350 ¿Son los diez mandamientos una agrupación casual?

No. Los diez mandamientos constituyen una unidad. Cada mandamiento remite a los demás. No se puede quitar arbitrariamente ningún mandamiento. Quien transgrede alguno de ellos quebranta toda la Ley. [2069, 2079]

Lo peculiar de los diez mandamientos consiste en que en ellos se abarca toda la vida del hombre. Pues los hombres nos relacionamos a la vez con Dios (mandamientos 1 al 3) y con nuestro prójimo (mandamientos 4 al 10); somos seres sociales y religiosos.

La forma que tienen aquí los diez mandamientos no coincide literalmente con la que aparece en la Sagrada Escritura; el  texto se refiere más bien a dos fuentes bíblicas: Éx 20,2-17 y Dt 5,6-21. Ya desde antiguo se han  juntado ambas fuentes de forma didáctica y se han ofrecido a los fieles los diez mandamientos en la forma presente de la tradición catequética.

351 ¿No están superados los diez mandamientos?

No, no están en absoluto condicionados por el tiempo. En ellos se expresan los deberes fundamentales del hombre hacia Dios y hacia su prójimo, son inmutables y valen siempre y en todas partes. [2070-2072]

Los diez mandamientos son tanto mandatos de la razón como parte de la Revelación vinculante de Dios. Son tan fundamentalmente vinculantes que nadie puede quedar dispensado de su cumplimiento.